Breve semblanza biográfica de Wifredo Ricart

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La Aventura Pegaso de Mario Laguna es un libro excitante, pero creo indispensable resumirles algo de la vida de mi padre, ya que las obras se interpretan mejor si se conoce su autor. Es curioso saber por qué le bautizaron con este inesperado nombre de Wifredo, insólito en la familia. Estando su padre, José Ricart y Giralt, ilustre marino, director de la Escuela de Náutica, fuera de su casa, se presentó la Guardia Civil preguntando por un tal José Ricart, que tenían por prófugo. Al comprobar su error se marcharon, pero como se esperaba que naciera un niño dentro de pocos días, mi abuelo dijo que escogería para él un nombre que evitase tales errores y le bautizaron con los nombres de Wifredo Pelayo y Francisco de Borja.

Wifredo Ricart

Fue un estudiante normal, muy interesado en cosas de aviación. Empezó muy joven la carrera de ingeniero y la terminó cuando aún no había cumplido veinte años. Entró a trabajar en Vallet y Fiol para quienes inventó el carburol, carburante para los Hispano-Suiza que vendía esa casa y para los que no se disponía entonces de combustible. Fabricaban motores para bombas de agua. Con su amigo Paco Pérez de Olaguer, compraron la fábrica, fundaron la empresa Ricart y Pérez y construyó en pocos meses un par de coches de carreras con este mismo nombre. Se estrenaron en el circuito de Villafranca con resultados diversos, pero esto le abrió conocimiento con otros constructores de marcas importantes. Vendió su participación y se estableció en taller propio fabricando turismos marca Ricart. Los presentó en el Salón de París en 1926, algo impensable para un constructor español. Modificó los coches de carreras que corrieron con nombre Ricart, ganó la carrera en cuesta de La Rabassada y estableció un récord que tardó en superarse. Se asoció con Felipe Batlló, constructor de los coches España, fundando la sociedad Ricart España. Fabricaban turismos en pequeñas series hasta que el general Berenguer suprimió las ventajas aduaneras de que disfrutaban.

En 1929 se estableció como proyectista independiente, proyectando motores interesantes que construía Hispano-Suiza. Se puso en contacto con grandes marcas (Saurer, Mercedes, Alfa, Lancia, …), para adquirir autobuses para la empresa de transportes urbanos de Valencia. Obtuvo la licencia de piloto civil y ganó la vuelta a la provincia de Barcelona. La guerra civil le sorprendió en Italia, donde se reunió con su familia. Entró en Alfa Romeo como consultor y después de un par de años era Director de Estudios y Experiencias, con responsabilidad sobre automóviles, motores de aviación, materiales, normas, etc. Se proyectaron en aquellos años motores de aviación (uno de ellos de 28 cilindros), y vehículos avanzados, entre ellos el 162 de 3 litros y 490 caballos, y el 512 de litro y medio con motor central.

Terminado su contrato con Alfa volvió a España de paso para los Estados Unidos. Suanzes, ministro de Industria, le convenció para quedarse aquí. Creó el CETA, trajo de Italia a dos docenas de ingenieros de Alfa (paralizada entonces) y empezó de nuevo a trabajar aquí creando normas, proyectando fábricas, iniciando la fabricación de camiones en ENASA. Se interesó en formar un grupo selecto de operarios y para ello ideó la fabricación del Pegaso Z-102, que también presentó en el Salón de París de 1951.

Yo tengo interés en decirles que hay algunos automóviles, no muchos, que son la reproducción material de las características de sus creadores, y uno de ellos, ciertamente, es el Pegaso de Ricart. Su preocupación constante a lo largo de su vida fue la de superarse, lo que ahora se llama desarrollo. Ricart procuraba que cada coche superase al anterior. Les traslado unas afirmaciones de un colaborador y discípulo suyo, Don Salvador Báguena, escritas poco después del fallecimiento de mi padre, en 1974:

“Ricart estaba dotado para cualquier actividad: tenía curiosidad permanente para todo. Era un lector incansable. Creía que un proyectista debe ser un filósofo con amplia visión, ya que un proyecto debe satisfacer positivamente un bien social. Decía que un buen proyecto debe ser bello. Era intransigente con los cálculos, que debían ser exactos, completos, bien ordenados. Mantenía sus opiniones tenazmente. No era fácil hacerle cambiar de opinión en los detalles de algún proyecto, pero si se encontraban soluciones mejores que las preconizadas por él, se convertía en su gran defensor. Era un luchador infatigable”.

En el manual de instrucciones del Pegaso Z-102 se puede leer: “un coche excepcional necesita algo más que los cuidados corrientes que se prestan a una máquina, espera el amor de su propietario”.

Libro La Aventura Pegaso de Mario Laguna

El libro titulado La aventura Pegaso recoge muchos de los resultados que este proyecto de Ricart ha conseguido. El mismo libro, escrito con tanto entusiasmo, es también una prueba de amor.

José Ramón Ricart, 31 de mayo de 2006

D. José Ramón Ricart escribió esta semblanza biográfica de su padre con motivo de la presentación del libro La aventura Pegaso de Mario Laguna en Cobeña, el 8 de julio de 2006 y se publicó por primera vez en la página web Vehículo Clásico en junio del mismo año.  Gracias a D. José Ramón y a Mario Laguna por permitirnos reproducir este singular documento.

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