Retrato de Francisco Bonet

Aunque no se trate de una marca, el hecho de representar el primer vehículo con motor de explosión construido en España, obliga a hablar del mismo. Francesc Bonet Dalmau nació en Valls (Tarragona) en 1840. Perteneciente a la burguesía catalana, ingeniero industrial, empresario del sector textil, apasionado de la ópera, y sobre todo hombre inquieto y de mundo. La fábrica textil que dirigía en la calle Diputación de Barcelona fue la primera en toda España en utilizar máquinas tricotosas. Además, hizo construir en el centro de la fábrica un pabellón donde probaba nuevas voces, futuras divas de la ópera, al tiempo que enseñaba canto a los niños del barrio; y no le fue tan mal, pues consiguió lanzar a la fama a las sopranos María Barrientos y Josefina Huguet. Una persona con éste historial era normal que viajase a París en 1889 con motivo de la Exposición Universal que tuvo lugar en la capital gala del 5 de mayo al 31 de octubre de ese año. Fue allí donde tuvo su primer contacto con aquellos vehículos que se movían sin caballos y que eran totalmente desconocidos en España.

Otra patente obtenida por Bonet, desvelada por Manuel Lage en su libro “Historia de la industria española de automoción“, fue la que obtuvo en marzo de 1894, que le concedía por cinco años la exclusiva para “la aplicación de motores capaces de producir energía mecánica por la fuerza expansiva de los gases desarrollados por explosiones de aire carburado mezclado con cantidades convenientes de aire natural, al movimiento de vehículos automotores, sean cuales fueren los detalles de su construcción, número de ruedas, sistema y composición de los motores, materia empleada para la carburación del aire y órganos de transmisión del movimiento“. Básicamente esta patente le daba la exclusiva a Bonet para la construcción de cualquier vehículo movido por motor de explosión, cerrando el camino a cualquier otra iniciativa. Este hecho podría explicar el vacío que quedó tras la construcción del Triciclo en el terreno de la automoción en España, y el hecho de que años más tarde, Emilio de la Cuadra, al montar su empresa, optara por los motores eléctricos como sistema de propulsión para sus vehículos.

En el stand de Panhard & Levassor, pudo observar los motores Daimler, decidiéndose a comprar uno para construirse su propio automóvil, al tiempo que encargó otros dos, en total dos motores de un cilindro y uno y dos caballos respectivamente, y uno de dos cilindros y dos caballos, referenciados por Panhard como números 10, 11 y 13. Además llegó a establecer una buena amistad con Panhard, siendo posteriormente representante en España de la firma de automóviles gala. No perdió el tiempo Francesc Bonet, pues el 12 de diciembre, apenas dos meses más tarde de su visita a París, solicitó una patente de invención para “vehículos de varias ruedas movidos por motores de explosión”. En el pliego de solicitud, Bonet exponía las siguientes razones para su invento:

“Es preciso aplicar a los vehículos destinados al transporte de escaso número de personas un medio que venga a reemplazar a los animales de tiro, esto es: obtener carruajes dirigidos por el mismo paseante. Este medio es el de los motores de explosión, de petróleo, bencina u otro liquido análogo. Este género de motores tiene, desde luego, las siguientes condiciones esenciales para la resolución del problema:
Primero.- Que son de pequeño volumen con respecto a la fuerza que producen.
Segundo.- No es necesario hogar para la producción del vapor y no molestan con el vapor que producen.
Tercero.- Se ponen fácilmente en marcha, siendo sencilla su conducción mientras funcionan.
Cuarto.- La renovación del líquido productor de fuerza se efectúa rápidamente y de manera tan sencilla que permite su empleo por tanto como se desee.
Dadas estas condiciones, que son las verdaderamente necesarias para que pueda ser un motor dirigida por una persona no perita, el infrascrito, Francisco Bonet Dalmau, ha procurado, de una manera completa, la aplicación de los motores de explosión a los vehículos”.

Planos del Bonet

Con el número de registro 10.313 la patente le fue concedida el día 15 de enero de 1890. En los planos iniciales que Francesc Bonet presentó, el automóvil a construir tenía 4 ruedas y transmisión por cadena y diferencial, pero en realidad lo que finalmente construyó fue un triciclo, con dos ruedas delante y una atrás, que era la motriz; se cree que esto pudo deberse a la imposibilidad por parte de Bonet de construir o conseguir que alguien le construyera un diferencial, y en consecuencia, a los posibles problemas técnicos a la hora de llevar la tracción a un eje con dos ruedas. En su construcción, que realizó, como no, en los locales de la empresa textil que regentaba, le ayudó un mecánico.

Fotografía del triciclo Bonet

El triciclo resultaba realmente rudimentario como vehículo, careciendo incluso de sistema de dirección, y estaba equipado con uno de los motores Daimler que adquirió a Panhard, en concreto con el monocilíndrico de 2 CV referenciado como número 11 por la casa francesa, que accionaba la rueda trasera motriz a través de una correa. En el verano del año 1890 se pudo ver circular el triciclo por las calles de Barcelona, causando el asombro y espanto de los viandantes; su escasa potencia le impedía superar la suave pendiente del Paseo de Gracia, más allá de Gran Vía o de la calle Diputación, con suerte. Bonet fue desde entonces conocido popularmente como “el hombre del coche sin caballos“. En la única foto que se conserva del vehículo se puede ver a Francesc Bonet acompañado por Bartomeu Huguet, padre de la soprano Josefina Huguet y Eusebi Bertrand Serra, industrial, político y gran aficionado, como Bonet, a la música y al automóvil; la cuarta persona de la foto pudiera ser el mecánico que ayudó a Bonet en su construcción y del que se desconoce su nombre.

Reproducción del Triciclo Bonet

Además de la patente para la construcción de este vehículo, Bonet obtuvo las patentes 10.314 para “lanchas accionadas por motores de explosión”, y la 10.377 para una “máquina motor simplificada de gas o vapor”. La compra de los otros dos motores, además de la obtención de las patentes pueden hacer pensar que Bonet tenía en mente la construcción de más vehículos, pero no existe ninguna constancia de que esto fuera así; quizás los problemas técnicos surgidos en la construcción del triciclo, el hecho de que ya contaba con 50 años de edad, o algún otro motivo que desconocemos hizo que Bonet se olvidase de la construcción de automóviles, hasta el punto de que acabó adquiriendo un Panhard & Levassor para su uso y disfrute, olvidándose de su triciclo.

Otra patente obtenida por Bonet, desvelada por Manuel Lage en su libro “Historia de la industria española de automoción“, fue la que obtuvo en marzo de 1894, que le concedía por cinco años la exclusiva para “la aplicación de motores capaces de producir energía mecánica por la fuerza expansiva de los gases desarrollados por explosiones de aire carburado mezclado con cantidades convenientes de aire natural, al movimiento de vehículos automotores, sean cuales fueren los detalles de su construcción, número de ruedas, sistema y composición de los motores, materia empleada para la carburación del aire y órganos de transmisión del movimiento“. Básicamente esta patente le daba la exclusiva a Bonet para la construcción de cualquier vehículo movido por motor de explosión, cerrando el camino a cualquier otra iniciativa. Este hecho podría explicar el vacío que quedó tras la construcción del Triciclo en el terreno de la automoción en España, y el hecho de que años más tarde, Emilio de la Cuadra, al montar su empresa, optara por los motores eléctricos como sistema de propulsión para sus vehículos.

Todo apunta a que el triciclo acabó sus días en una chatarrería. Francesc Bonet falleció en Barcelona en 1898.

Triciclo Bonet
Triciclo Bonet
Triciclo Bonet
Triciclo Bonet
Triciclo Bonet
Triciclo Bonet
Triciclo Bonet

A finales de los 80, utilizando la foto de la época y los planos originales del Triciclo, Salvador Claret inició un proyecto cuya finalidad era realizar una réplica del vehículo. Recurriendo a artesanos en todos los campos necesarios, el proyecto incluyó la construcción de todas y cada una de las piezas, desde el motor, realizado de forma artesanal y reproduciendo milimétricamente el original, por especialistas en motores Daimler de Stuttgart, hasta el último tornillo. Se realizaron dos réplicas, la primera de las cuales se encuentra en el Museu de l’Automòbil Col.lecció d’Automòbils Salvador Claret en Sils (Girona); la segunda réplica se encuentra en el Museo de Historia de la Automoción de Salamanca. Un siglo después, la réplica del primer automóvil con motor de explosión de España, y uno de los primeros del mundo, volvía a circular por las calles de Barcelona.

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